La terapia génica podría eliminar la necesidad de tratamiento sustitutivo durante años, marcando un punto de inflexión en la vida del paciente

El Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo ha sido el primero en España en administrar una terapia génica para el tratamiento de la hemofilia B. El paciente, un hombre de 40 años, ha recibido Hemgenix (etranacogén dezaparvovec), un tratamiento innovador aprobado para adultos con hemofilia B grave o moderadamente grave sin antecedentes de inhibidores del factor IX.
Esta única infusión intravenosa introduce una copia funcional del gen que codifica el factor IX, una proteína esencial para la coagulación sanguínea. Con ello, se busca inducir una producción sostenida del factor en el propio organismo, reduciendo o eliminando la necesidad de infusiones periódicas, habituales hasta ahora en el manejo de esta enfermedad rara de origen genético.
Hemgenix está considerado el medicamento más costoso aprobado hasta la fecha, con un precio superior a los dos millones de euros por paciente. No obstante, los estudios clínicos indican que podría ser coste-efectivo, al disminuir la necesidad de tratamiento continuo, hospitalizaciones y complicaciones como las hemorragias articulares recurrentes.
La hemofilia B es un trastorno hemorrágico poco frecuente y de origen genético, causado por la deficiencia o ausencia del factor IX de coagulación. Esta condición provoca hemorragias espontáneas o tras traumatismos leves, con especial afectación en articulaciones y músculos, lo que puede derivar en dolor crónico y discapacidad. En España, se estima que conviven con esta enfermedad en torno a 300 personas. Hasta ahora, el tratamiento estándar consistía en infusiones periódicas de factor IX, un régimen que implica una elevada carga terapéutica y un impacto significativo en la calidad de vida.
La terapia génica supone un avance relevante: una sola infusión que permite al propio organismo producir este factor de forma sostenida. Este avance no solo mejora la calidad de vida de los pacientes, sino que abre nuevas posibilidades para otras enfermedades raras de origen genético con mecanismos similares.
Para profundizar en el alcance clínico y humano de este avance, hemos hablado con el Dr. Manuel Rodríguez López, hematólogo del Hospital Álvaro Cunqueiro, coordinador del procedimiento y vocal de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH).
—La administración de la primera terapia génica en España marca un hito histórico en el tratamiento de la hemofilia B. ¿Cómo ha vivido usted este momento desde su experiencia profesional y personal, al coordinar la puesta en marcha de esta nueva terapia en nuestro país?
Pues tanto mis compañeros como yo mismo lo hemos vivido con los lógicos nervios, conscientes de la trascendencia del momento. Lo hemos experimentado con alegría —una alegría empática, motivada por la felicidad contagiosa de la persona receptora—, pero también con nerviosismo y responsabilidad.
—Esta terapia permite que el propio cuerpo del paciente produzca el factor IX (una proteína esencial para la coagulación de la sangre) durante años. ¿Qué supone esto para la vida diaria de una persona con hemofilia B en comparación con los tratamientos habituales?
La terapia génica, en este caso Hemgenix, tiene la posibilidad de cambiar la historia natural de las personas con hemofilia B candidatas a recibirla: la posibilidad de vivir una vida plena a todos los niveles y, desde luego, es la única terapia que, a día de hoy, tiene el potencial de hacer realidad ese concepto tan actual de hemophilia free mind.
Pero el beneficio potencial va más allá. Si se cumplen las previsiones, esos 25 años de durabilidad estimada por las modelizaciones bayesianas en el 80 % de los futuros receptores indican que esta terapia génica podría comportar un ahorro igual o incluso superior a su coste. Y dicho ahorro sería aún mayor cuantos más pacientes puedan recibirla. Por tanto, hablamos de una terapia beneficiosa tanto para los pacientes como para la sostenibilidad del sistema sanitario.
—¿Qué perfil debe cumplir un paciente para poder acceder a este tratamiento?
En principio, el paciente debe ser mayor de 18 años y presentar una hemofilia B grave o moderada-grave (nivel de factor IX ≤ 2 %). Y, algo que para nuestro equipo es fundamental: estar muy motivado y concienciado.
A partir de ahí, debe cumplir una serie de requisitos clínicos, y uno administrativo que no es clínico: haber recibido tratamiento profiláctico durante los dos años previos con concentrados de factor IX de vida media extendida (EHL). Digo “administrativo” porque, en el ensayo clínico, solo se requerían seis meses de profilaxis previa con cualquier tipo de concentrado de factor IX. La exigencia ministerial de esos dos años y con un EHL pone en riesgo la equidad en el acceso a esta terapia, y a nuestro juicio, va en contra del artículo 40 de la Constitución Española y de la Ley General de Sanidad de 1986, que se inspira en ese principio.
—Los resultados esperados son muy prometedores. ¿Qué tipo de control se realiza después de la administración y cuáles son los posibles efectos adversos?
Los eventos adversos son escasos. El que más nos preocupa es la transaminitis, aunque su incidencia es baja (alrededor del 18 %) y, en general, se presenta durante los seis primeros meses. Al revisar los datos del ensayo clínico, observamos que casi el 100 % de los casos (todas excepto una) fueron de grado leve (grado 1).
El seguimiento incluye controles semanales durante los tres primeros meses. Si la evolución es favorable, estos controles se van espaciando progresivamente hasta hacerse anuales a partir del tercer año tras la infusión. Creemos que vale la pena.
—España se incorpora así a un grupo muy reducido de países que han iniciado la administración de esta terapia génica. ¿Qué impacto cree que puede tener este avance en el futuro del tratamiento de la hemofilia en nuestro país y en el modelo de atención al paciente?
La infusión de esta primera terapia génica, junto con el acuerdo marco firmado por el Servicio Gallego de Salud (Sergas), demuestra que es posible aplicar este tratamiento en pacientes adecuadamente seleccionados, y marca un camino a seguir para otras comunidades autónomas.
El Sergas vuelve a situarse a la vanguardia en la atención a estos pacientes. No olvidemos que, en 2018, fuimos el primer hospital y la primera comunidad en utilizar concentrados de factor IX de vida media extendida, incluso antes de su aprobación por la Comisión Interministerial.
Por otro lado, es importante entender que, para muchas enfermedades raras —especialmente aquellas con un origen monogénico, como la hemofilia— la solución pasa por este tipo de terapias. A corto plazo no serán baratas, y es responsabilidad de nuestros gestores sanitarios articular modelos de financiación que permitan el acceso de los pacientes a estos tratamientos.
En un momento en que, por fin, la industria farmacéutica empieza a desarrollar terapias para estos colectivos, el coste económico no puede convertirse en el factor limitante. La vida de estas personas tiene un valor incalculable. Cuando, por ejemplo, observamos el impacto de la terapia génica en la atrofia muscular espinal (AME), poner el foco únicamente en el coste es perder de vista el valor que estas terapias aportan a la vida de los pacientes.
—Desde la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia se impulsa la investigación, la formación y la equidad en el acceso a terapias innovadoras. ¿Qué papel cree que puede desempeñar la SETH en esta nueva etapa que abre la terapia génica para la hemofilia?
El papel de la SETH me parece clave desde muchos puntos de vista: en la organización y estandarización del proceso, en la elaboración de protocolos y guías, en la formación del personal y en la generación de conocimiento a partir de la experiencia acumulada.
También debe insistir, ante las instituciones competentes, en la necesidad de garantizar la equidad y la igualdad de oportunidades en el acceso a esta y otras terapias, independientemente del lugar de residencia. En definitiva, se trata de vertebrar las acciones para la consecución de estos objetivos. Y me consta que nuestra presidenta, la Dra. M.ª Teresa Álvarez Román, ya está trabajando en esta línea.
Para el Dr. Rodríguez, este avance no habría sido posible sin el compromiso de muchas personas, a quienes agradece especialmente
“Quiero dar las gracias a todas las personas que han estado involucradas en este proceso: a mis compañeras de la Unidad de Coagulación —la Dra. Raquel Iglesias, la Dra. María Elsa López y la Dra. Paula Sar—; a la Dra. López de Castro, jefa del Servicio de Farmacia; a la Dra. Yaiza Romero; al gerente del área sanitaria, el Dr. Javier Puente; y, muy especialmente, a las doctoras Silvia Reboreda, subdirectora de Política Farmacéutica del SERGAS, e Isabel Rey, responsable de Prestación Farmacéutica en nuestro centro, por su implicación desde el primer momento para estudiar la viabilidad de esta terapia. Y, por supuesto, a nuestra jefa de Servicio, la Dra. Carmen Albo López, cuya sensibilidad hacia el colectivo de personas con hemofilia ha marcado un antes y un después en la calidad de la atención que reciben.”
Este primer paso abre una nueva etapa para el tratamiento de la hemofilia B en España, en la que la innovación, la equidad y la cooperación multidisciplinar serán más decisivas que nunca.

